Pero compensa…

A menos de 3 semanas de conocer a Casilda y a pocas horas de la mejor cena del año, mi vida hace un punto y a parte. O quizás es (un paréntesis), o un [entre corchetes]. El caso es que hoy, 24 de diciembre de 2015, noto que algo va a cambiar. No lo había sentido hasta ahora, porque mi ritmo era prácticamente el mismo y no he tenido la necesidad de parar, pero ha llegado el momento.

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A partir del lunes 28 me dedicaré a esperar. Esperar a romper aguas, o no. Esperar a oír el berrinche por primera vez, esperar a cambiar pañales, esperar a ser madre. Porque aunque os parezca mentira, todavía no tengo ese sentimiento de ser ‘la madre de Casilda’. Sigo con mentalidad de ser la misma de antes, la chica joven que va acelerada todo el día, que queda para comer con sus amigas, la que se hace la manicura una vez por semana sin excepción, la que de repente se inspira y se mete en la cocina a hacer un bizcocho.

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¿Qué va a cambiar? No soy capaz de saberlo. De todas formas, yo, con lo único que me quedo de todo lo que me han dicho hasta ahora es esa frase mágica que dice: pero compensa.

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¡Feliz Navidad everybody!

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